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UN LUGAR EN LA SIERRA

Ricardo Renteria Medina
Editorial “REMR” S.A.

CONTENIDO:

I .- INTRODUCCION
II.- UNA PEQUEÑA POBLACIÓN
III.- TRABAJO Y LEYENDA
IV.- LOS AMORES DE DON TRINI
V.- LA LEYENDA DEL AHOGADO
VI.- UNA CUEVA MISTERIOSA
VII.- GENIO Y LOCO
VIII.- EL AVION







GENIO Y LOCO.

Había finalizado casi el año escolar, en la escuela nos preparábamos de la culminación, a lo largo de meses de trabajo y de estar entre la gente de aquel pueblo, conviviendo diariamente a veces con señores, oras entre los jóvenes y por mi trabajo, entre los niños.

Too esto me hacia sentir como si nunca hubiera estado fuera de ahí, quizá fue la influencia del medio o la sencillez y nobleza de esa gente por la que siento aun un gran cariño, la que hizo sentirme parte del Tambor mismo.

Durante ese tiempo, que a mi me pareció tan breve, pude ser testigo de las cosas normales así como de otras tan insólitas que siempre me llamaron la atención en la vida tan sencilla de aquellas familias que en ocasiones daba la impresión de ser una sola.

Observé al pasar por el arroyo, un hombre que a juzgar por su peculiar vestimenta debía ser “Chuy de la Torre”, de quien había escuchado estaba loco, componedor de máquinas, arreglista de relojes y planchas y muchas otras cosas; se encontraba afanoso ignorando a los que por ahí pasaban, preocupado en terminar con aquel aparato que al parecer debía de ser un radio; como a mis oídos habían llegado infinidad de comentarios sobre su acentuado querencia por los lugares propios para la quema de basura como consecuencia de su desquiciamiento, decidí acercarme lo más que me fuera posible y observar el trabajo de aquel loco para constatar si en verdad estaba loco como me habían contado.

De momento aquel hombre ni me vio, y pude darme cuenta de que aquello que tomaba entre sus manos era simplemente un pedazo de radio ahumado por el fuego que algunas veces se encendía en el basurero.

De la Torre, el loco, tenía ya largo rato entregado en su trabajo, de la punta de una rama había colgado un alambre hacia el lado del arroyo; otros mas se extendían en varias direcciones y aquello parecía el trabajo de una gigantesca araña.

Estuve largo rato, y después de cierto tiempo, grande fue mi sorpresa al escuchar de aquel que para mi ra un cascaron, el sonar de las notas musicales y la voz del locutor que saludaba al radioescucha a la vez que dedicaba la canción en turno.

En verdad me sorprendí, mas no había terminado todo ahí, aquel tipo, a quien todo tildaban de loco por fin rompió con su alargado silencio y estallo en gritos que escuché con cierto asombro; “La pieza que no sirve deja de funcionar, si se remplaza por una nueva o algo que se le parezca, el radio empezara a tocar”.

Palabras pronunciadas a todo aire al tiempo que irrumpía en carcajadas que a bastante distancia se escuchaban.

Todo aquello me había dejado atónito en verdad aquel tipo estaría loco o estaba tan cuerdo que podía ser capaz de igualar el trabajo de un eficiente radiotécnico.

Lo vi recoger sus herramientas (alambres) y marcharse con su paso apresurado por la calle sin dejar un instante de gritar “La pieza que no sirve deja de funcionar, si se remplaza por una nueva o algo que se le parezca, el radio empezara a tocar”.

Me había quedado perplejo, pero al mismo tiempo estaba satisfecho de haber presenciado de cerca al insigne De la Torre que en la distancia aun dejaba oír su voz.



Continua ------->>>>


 
© Copyright 2006 Jose Herrera