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UN LUGAR EN LA SIERRA

Ricardo Renteria Medina
Editorial “REMR” S.A.

CONTENIDO:

I .- INTRODUCCION
II.- UNA PEQUEÑA POBLACIÓN
III.- TRABAJO Y LEYENDA
IV.- LOS AMORES DE DON TRINI
V.- LA LEYENDA DEL AHOGADO
VI.- UNA CUEVA MISTERIOSA
VII.- GENIO Y LOCO
VIII.- EL AVION







LOS AMORES DE DON TRINIDAD

Tenia largo rato recordando los detalles de su vida pasada, y solo cortaba el hilo de su plática para dale una fumada al cigarrillo, momento que Yo permanecía silencioso respetando su descanso, y continuaba; había llegado a la parte romántica de su vida.

- En ese tiempo las cosas no eran como hoy, - se refería a los jóvenes y mujeres de su tiempo – nosotros no teníamos las libertades que se ven ahora entre los jóvenes, ni siquiera había luz eléctrica, mucho menos que hubiera bailes todos los sábados y domingos, las cosas eran diferentes, y no estaban tan maleadas, cuando bailábamos era muy a lo retirado y las mujeres no daban tantas libertades, con decirle que bien podían pasar un par de perros entre la pareja sin que hubiera peligro de caerse; otra cosa, el lugar donde se bailaba era un patio alumbrado por ocote y al son de una arpa o un violín.

- Cuando las muchachas paseaban por las calles, y los muchachos estábamos por ahí, solo cuando aquella dama le correspondía a algún joven, ella dejaba caer el pañuelo y teníamos casorio seguro para cuando llegaba la cosecha.

- Por esos días era difícil tener uno su novia pues nuestros padres no la tenían muy cortita, recuerdo que cuando Yo me case pase muchas dificultades, era como el mes de marzo, en la milpa donde trabajaba mi padre había yo visto pasar una tal “Juanita”, de la hierbabuena, cuando ella iba a dejar las gordas a su padre que trabajaba cerca de donde mi padre tenía su tierrita; una vez que se llego la hora en que ella pasaba a llevar el lonche, mi padre se encontraba con el tronco, pues lo machos eran brutos y aun no querían estirar parejos, Yo me había acercado al mezquite en que teníamos el guaje con agua, cuando la devise venir por el arroyo, como se me había metido en mi cabeza desde hacia tiempo y me gustaba arto la condenada, me atreví a preguntarle – a donde va tan hacendosa?- a lo que ella me contesto – llevo las gordas para mi padre que trabaja ahí tras la lomita – y diciendo esto se sonrió; me dio un salto el corazón que casi no podía detenerlo el condenado, y alegre como nunca antes le puse ganas al trabajo y ya pensaba que si Dios nos ayudaba para cuando cosecháramos y si ella me quería, pues me casaría con la Juanita, como recuerdo ese momento re bonita que se veía, con la falda hasta el suelo, sus huaraches y su reboso floreado entornando sus hombros y la espalda, re graciosa que se miraba con su canasta y Yo que no cabía de gusto al verla, como si ella me diera más ganas de trabajar.

Hacía ya algunos días de que la había visto en la parcela, acababa de llegar del monto con siete burros cargados de leña, cansado y hambriento, mi padre me despachaba a dar agua a los animales y pasando por el tanque donde estaba el pozo me encontré con un amigo; después de saludarlo me hace saber que en la hierbabuena iba a haber baile por el santo de una dama que vivía en ese lugar, presuroso me regresé para la casa pensando en la forma de escaparme de mi casa para ver a la Juanita que de seguro iría al baile, se hacia noche y no encontraba la forma de salirme, para eso le había contado a mi hermana Tomasa que andaba rete agüitado por que no podía escaparme: con la ayuda de Tomasa me salí ya muy tarde y por la ventana ella me saco los trapos que me había planchado; me fui al rancho de Juanita silbando alegremente; en esa noche pude bailar con la Juana y decirle mis sentires a los cuales ella correspondió quedando los dos de acuerdo en casarnos tan pronto levantara la cosecha y juntara los adobes para construir la casa, así fue como me case con una mujer muy trabajadora con la que he vivido siempre en las duras y en las maduras, hasta que hace unos años Diosito se la llevó.

- Pero me quedó de ella mis hijos con los que ahora vivo. Llevando siempre el recuerdo de ese amor; que me ha dado fuerzas de seguir en esta vida, a lado de sus retoños y contándoles a mis nietos la bondad de su abuela a quien Dios a de tener en su reino.

Continua ------->>>>


 
© Copyright 2006 Jose Herrera